1 de julio de 1989
Phoenix, AZ

Apodado "El Rinoceronte Blanco", de 100 kilos y bombero veterano desde hace 8 años, Jeff Griffin, junto con su equipo, respondió a una llamada a las 12:30 para luchar contra un incendio fortuito en una casa. A eso de la 1 p.m. el 1 de julio de 1989, la Compañía 27 con escalera llegó a un incendio en una casa cerca de la intersección de la Calle 60 con Greenway Road. Jeff Griffin y otros bomberos en la escena comenzaron a dar salida al fuego serrando un agujero en el tejado. El Capitán Rick Pesce fue delante por la parte superior del tejado, tanteando el mismo aporreándolo con su hacha. Mientras Jeff serraba el tejado, el humo empezó a salir. En sólo cuestión de segundos, el humo se convirtió en un enorme muro de llamas. "Sonó como un zumbido, y fue un soplete", recuerda Griffin, "Dije, "Hora de salir"". Los bomberos empezaron a retirarse lejos de las llamas corriendo por el tejado cuando "había algo extraño, y me dije a mí mismo, "qué ocurre con esta imagen". Tan pronto como me di la vuelta para buscar a los otros, vi el pie de mi capitán bajar en el ático. Detrás de él, Pete [uno de mis compañeros] se cayó hasta la altura de su pecho. Había llamas de unos 6 metros que salían disparadas a su alrededor". "Los miré a los ojos: los suyos eran tan grandes como una pecera. Ellos sabían, yo sabía que estaban muertos. No había tiempo para hacer nada más excepto intentar salvarlos". Entonces Griffin corrió por el tejado hacia los bomberos que habían caído. "Di un primer paso, el segundo era como si nada, como flotar", dice. Mientras que el tejado se derrumbaba bajo sus pies, Jeff llevó una placa de contrachapado de 10 x 20 cm al ático que ya se encontraba envuelto por las llamas. Dentro del ático, una sola respiración del aire a casi 2.000 grados hubiese abrasado sus pulmones y se hubiese llevado su vida. Cuando cayó de costado, se agarró a una viga del ático y su pie se apoyó en otra. "Podía ver todo el ático, todo estaba en llamas", recuerda Griffin. "Podía ver las cañerías y estaba buscando un sitio por donde dejarme caer y que mi botella no se quedase colgada. Se nos enseña a seguir adelante, pero no sabía lo que había debajo, y pensaba que podía ser peor que donde me encontraba. Ese era el tiempo que tenía para pensar. Entonces mi máscara se nubló, el aire se calentó. Sentí pánico". Griffin decidió que era mejor salir del ático del mismo modo en el que había entrado. "Podía sentir que la viga donde estaba apoyado mi pie era sólida", recuerda Jeff. "Me agaché y di una voltereta hacia atrás a lo "Mary Lou Retton" hacia fuera del tejado". Los otros bomberos habían logrado trepar con dificultad desde donde habían caído en el ático de la casa en llamas. El Capitán Pesce agarró la botella de oxígeno de Jeff y lo llevó hacia el borde del tejado. "Estaba gritando. Hacía muchísimo calor. Todo lo que podía ver a través de la máscara eran mis guantes y mangas, y estaban echando humo. Yo estaba sacándome la máscara, arrancándomela e inspiré profundamente e hizo que me sintiese bien, pero todavía tenía calor y me estaba acalorando más. El traje lo conserva dentro". "Me saqué los guantes (parecía como si mis manos estuviesen ardiendo) y me dirigí al borde del tejado. Iba a saltar, pero alguien me guió hasta la escalera. Ni siquiera di la vuelta, simplemente bajé rápidamente, intentando sacarme el equipo por el camino". Todos los bomberos sobrevivieron con heridas leves. Griffin fue llevado al hospital local, tratado y posteriormente enviado a su casa aquella misma tarde. Jeff envió su equipo quemado a un laboratorio de PBI. Las pruebas demostraron que el equipo había sobrevivido a unos 2.000 grados aproximadamente durante más de 7 segundos. "Pensaba que era el único hombre en el mundo. Hacía tantísimo calor que es imposible describirlo".

Jeff Griffin, Bombero de Phoenix